jueves 17 de diciembre de 2009

postales desde cluj II

estoy convencido de que los rumanos han adquirido una mayor capacidad sensorial a lo largo de los años, no sé si el sexto sentido o el séptimo, o una unión extrema de los cinco que tenemos por naturaleza. éste aparece cuando se ponen a los mandos de un coche (sorprende la rapidez con la que asimilan la conducción de cualquier coche que no sea el suyo) tanto el rumano como la rumana -lo mismo da- conectan su nivel de adrenalina, de atención, de riesgo, de locura, de surrealismo, y con la protección de ese nuevo sentido se echan a la carretera. es señalable que la carretera merece una postal aparte. esta habilidad adquirida tiene numerosas utilidades, por ejemplo: ante una curva en carreteras de montaña con una niebla de densidad muy alta, y una fila de 4x4 intentando adelantarte, frente a un peatón que atraviesa la carretera por la noche vestido de negro, un bache de 20 cm de profundidad, un perro o la jauría al completo, un carro tirado por caballos, un camión que necesita adelantarte en la mismísima entrada de un pueblo...
me pregunto si el origen de este superpoder lo aprenden en la "scoala de soferi" o si se hereda genéticamente. no sé...
por mi parte es bastante complejo acostumbrarme a todas las normas, o sea acostumbrarme a que no hay norma. en la ciudad he ido avanzando, ya cometo las infracciones necesarias para hacerme pasar por rumano, y pese a que tengo una matrícula de barcelona (eso significa poco porque hay muchos coches matriculados en el país) siento que estoy integrado y que me pitan lo mismo que a los demás. un caso aparte es la salida al campo abierto, el maravilloso mundo de las carreteras nacionales rumanas. es ahí donde noto mis carencias, me falta algo, en cuanto me adelanta un coche y estamos a punto de estrellarnos no mantengo la calma, cuando casi atropello a un ciclista sin nada reflectante por la noche me inmuto, si no veo el agujero en el asfalto y no contravolanteo como un piloto de rally siento desasosiego.
reflexiono sobre si la solución es volver a la autoescuela aquí o directamente pagar el billete en una guagua y sentarme detrás con los ojos cerrados esperando a llegar a destino, o si abandono todo lo que tenga que ver con el asfalto y me dedico a la calma de los raíles (también en rumanía el tren merece una postal aparte).
me aterrorizo cuando tengo que salir de Cluj, me gasta tanto la tensión de 50km... y digo yo, ¿quién me mando a mí a venir en coche a un país sin DGT?

sábado 21 de noviembre de 2009

diálogos en alta mar

Capitán: ¿Qué le pasa, señorita?
Sirvienta: Estoy conmovida, Capitán. ¡Ah, si usted supiera! Cuando yo vivía en Buenos Aires y no había recibido la herencia, para distraerme iba a las estaciones... Viajaba en tren... Naturalmente...., viajes cortos..., media hora... Me parecería que me iba muy lejos..., no sé adónde. Tenía la impresión de que el tren sólo podía parar en una estación donde hubiera casas en que todo el mundo era feliz.
Capitán: Es muy instructivo viajar.






Roberto Arlt

lunes 9 de noviembre de 2009

postales desde cluj I

en el semáforo aquella familia me producía piedad y ternura.
sus vidas no habían circulado por ningún camino parecido al mío.
aquella pareja dentro de su coche Dacia de los años setenta seguía aferrada al volante con fuerza, apretaban sus manos cuarteadas en el campo para no dejarse llevar por una marea que ya había arrastrado a la mayor parte de su familia...
y contra la cuál ellos tenían la intención de resistir.

martes 27 de octubre de 2009

en una ciudad

Hay personas que pueden vivir treinta años en una ciudad y actuar como si estuvieran de paso, en permanente provisionalidad, parece que se esfuerzan por pisar despacio para no dejar huella de su presencia. Hay personas que son capaces de cruzar la vida sin mancharla y sin ser manchados por ella.




Isaac Rosa

viernes 16 de octubre de 2009

un escritorio en una isla

Dice Máximo Manso, pseudónimo del poeta canario Alonso Quesada, que el ciudadano isleño que tiene un escritorio es un hombre terrible. Yo soy isleño y por supuesto tengo un escritorio. En la esquina de mi casa. Luce impoluto, desordenado, con lápices y hojas sueltas y una pila de libros. Delante de la silla de oficina. El escritorio domina la habitación. Mi hogar es un cuartucho pequeño. Me enternece mirarlo y figurarme que no puedo salir de él. Mi escritorio es mi casa. Mi escritorio forma parte del edificio. Mi escritorio es la isla de donde vuelvo cada noche, terrible, dispuesto a resistir continente adentro.









martes 29 de septiembre de 2009

Indianos

Pero el sueño de estos viajeros es una llanura inmensa, solitaria, como el mar, que ha de brotar al término del viaje, ante sus ojos, para que sus brazos la acaricien. El gemido se diluirá en las sombras... Habrá estrellas todas las noches. Pero cuando retornen a la patria serán solamente unos hombres pintorescos




Alonso Quesada

domingo 20 de septiembre de 2009

algunas postales sin escribir

de Munich:
la idea de ser extranjero en otra ciudad. hay un turista que señala al avión y otro en uniforme que vigila el control de aduanas. huele a cerveza porque en el oktoberfest el carrillón de la plaza parece dar vueltas en sentido inverso. me encanta la salchicha con queso por dentro que venden en un puesto junto al estadio olímpico, pero es imposible pronunciar su nombre.

de Lisboa:
y si nos quedáramos más tiempo, da igual el avión, da igual el día, podemos subir a Alfama y desde allí volver al mar. aprenderemos la receta del pastel de nata o la fórmula del gallo pluviómetro. podríamos fingir ser muchas personas distintas.

de Valdivia:
debajo de la lluvia todo sigue, junto a los leones marinos todo sigue, en las calles llenas de charcos todo sigue, junto a la hierba que crece en los adoquines todo sigue, en medio de esa avalancha de taxistas que discuten empapados en el mercado todo sigue, en las aulas de la universidad austral... la lluvia pese a todo, sigue imperceptible como un escenario natural.